
El tiempo de las utopías parece terminar en 1989, con la caída del muro. Hasta entonces, casi todos creíamos que unidos podíamos cambiar el mundo. En la actualidad, sin embargo, apenas quedan un puñado de hombres y mujeres capaces de creer en los sueños. Por ello es muy importante que no olvidemos que, como decía Hermann Hesse, somos hijos de los dioses llamados a la inmortalidad; y que, por tanto, a través de nuestro pensamiento crítico podemos transformar todo aquello que nos propongamos.
Para esto es necesario que miremos atrás y busquemos algunos referentes. Uno de ellos podría ser, sin lugar a dudas, Mark Twain, el escritor de Las aventuras de Huckleberry Finn. Este norteamericano fue un intelectual librepensador que luchó, entre otras cosas, contra el imperialismo, la segregación racial, el machismo, la explotación obrera y el maltrato animal. Y también fue alguien que vivió cómo le dió la gana. Propuso utilizar el humor como arma: “El poder, el dinero, la persuasión, la súplica, la persecución pueden intentar el derrocamiento de un engaño colosal... pueden debilitarlo un poco; pero la risa puede hacerlo estallar de un solo golpe”. Trabajó como industrial, periodista o minero y recorrió el mundo en busca de aventuras. Ganó mucho dinero y lo perdió en la misma cantidad; bebió como un cosaco y quiso con locura a su familia y amistades. "Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí llevaste a cabo. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.”, afirmaba convencido. Y pudo hacerlo porque pensaba por si mismo: se dió cuenta de que nada es inamovible, de que todo puede cambiarse.
Para él, el arte de vivir consistíó en lograr que hasta los sepultureros lamentesen su muerte. Hay otras maneras de pasar el rato pero, en general, creo que todos queremos acabar con la injusticia y hacer felices a los demás. Y para ello solo tenemos que poner en marcha nuestra voluntad. De momento nos esperan la madre naturaleza y unos cinco mil millones de seres humanos.
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